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A diferencia de otros juegos de azar, el poker
tiene una serie de parámetros que cualquier buen jugador
debe de seguir.
Los detalles a observar en los adversarios son
esencialmente los que siguen: ¿hacen juego solamente cuando
posee buenas cartas?, ¿son atrevidos a la hora de apostar?,
¿participan de todas las manos?, ¿se dejan llevar
por el impulso, o por el contrario son calculadores?, ¿tímidos
o eufóricos?. Conocer a los rivales puede ser decisivo.
Efectivamente, sentarse a la mesa de jugadores
débiles, puede ser una ventaja. No terminaremos como héroes,
pero podremos ganar la partida, que, al final, es lo que cuenta.
Otra virtud del buen jugador: mantener la calma. No hay que dejar
que los nervios nos traicionen. No abandone todo a la suerte, que
no siempre está a nuestro lado. Inteligencia y confianza
en uno mismo, pueden en muchos casos redimir a la mala racha.
La impaciencia suele ser también un gran
enemigo del jugador. El poker es un juego de tenacidad y de aprender
a manejar las malas situaciones. Buscar el momento exacto para actuar,
es la consigna primordial. Hay que evitar los impulsos y mantener
la calma.
Otro detalle importante es conocer los límites.
Si bien es importante mantener siempre una actitud ganadora y cara
de poker, también hay que saber cuándo retirarse.
Nadie duda que el objetivo final del poker es levantarse de la mesa
llevándose el bote a casa, pero si esto no es posible, hay
que saber levantarse de la mesa antes de perder todo.
Conclusión, mientras juega no se agobie
pensando que va a perder, pero tampoco se envalentone demasiado
creyéndose indestructible.
Si tiene buenas cartas, atrévase a apostar, pero siempre
conociendo sus límites.
Las cartas y los oponentes, siempre bajo observación, no
lo olvide. Nunca hay que vacilar.
La contundencia a la hora de decidir es una gran arma para intimidar
a los adversarios y afectar su manera de jugar.
Si el día no es el mejor, no se empecine.
Hay muchos otros días para jugar. Retirarse a tiempo es una
gran ventaja.
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